martes, 14 de febrero de 2012

Nunca me abandones

  • Never Let Me Go
  • Kazuo Ishiguro (Reino Unido/Japón)
  • Primera Edición: 2005
  • Novela
(Sé romántico. Sé romántico. Sé romántico. Ok… aquí vamos.)

Cuando manejo hoy a través del campo, aún veo cosas que me recuerdan a Hailsham. Puedo pasar por la esquina de una llanura borrascosa, o ver parte de una casa grande a la distancia mientras bajo por la ladera de un valle, o incluso un alineamiento singular de álamos en las faldas de una colina, y pensaré: “¡Tal vez eso es! ¡Lo he encontrado! ¡Esto de verdad es Hailsham!” Luego veo que es imposible y sigo manejando, mis pensamientos navegando a otros lares.

Busqué este libro por bastante tiempo, sin éxito. Estaba agotado, me decían, por la publicidad obtenida con la versión fílmica. Por esta razón terminé comprando sin pensarlo el primer ejemplar que vi; aunque estuviera en inglés. Hasta ese momento (antes de entrar a la universidad), leer en inglés era una cosa que no sucedía a menudo, y representaba un reto. Aún recuerdo mi fallido intento por leer la versión original de El Último Mohicano, pero esa es otra historia. El caso es que compré una edición en inglés sin saber mucho del estilo del autor, lo cual es peligroso. Nunca sabes bajo que nombre se esconde uno de esos escritores de diccionario, criaturas malévolas que te fuerzan a revolver enciclopedias para comprender. Sin embargo, no solté el libro en cuanto lo abrí. El lenguaje era simple, maravilloso y fluido; claro como las aguas del lago que yace en el centro de Hailsham.

Debo admitir que yo también me enteré de la existencia de este libro gracias a la película; pero terminé nunca viéndola y teniendo un miedo severo de hacerlo. No quiero arruinar la visión que hay en mi cabeza. Los personajes de Ishiguro están coloreados de una forma muy sutil, muy entrañable. Vivimos en un mundo donde escritores de tres pesos —como Nicholas Sparks— hacen millones con sus tibios melodramas. Simples hojas de papel donde el amor es travestido por una pasión estúpida. Espero que alguno de ellos haya leído esta novela y decidido dejar de escribir, o bien empezar de cero con una visión nueva. Las alturas de esta obra son tales. Es un libro que sabe de lo que trata el amor entre personas tímidas, destinadas a un futuro frío. Lo sabe bien, te lo muestra, te esperanza y te desmorona como un terrón de azúcar.

Tanto como su existencia incomodara a la gente, su mayor preocupación era que sus propios hijos, parejas, padres, amigos, no muriesen de cáncer, enfermedades motoras o cardiacas. Y por un largo tiempo se les mantuvo en las sombras. Y todos hicieron su mejor esfuerzo por pretender que ustedes no existían.

La historia nos narra las vidas predestinadas de tres personajes, y del triangulo amoroso que protagonizan a lo largo de los años. Es un triangulo amoroso absurdo, porque nacieron para morir. Son, en el estricto sentido de las palabras, un receptáculo de órganos. Clones hechos para donar. Sin importar cuantos nudos se enreden y desenreden entre ellos, el río desembocará en el mismo mar. Si tan sólo alguien se dignara a mirar dentro de las almas de estas personas, y ver que son efectivamente personas, dice uno mientras lee. Si tan sólo algo pudiera ser diferente. Esa es la luz —pequeña, imposible— que guía la trama de Ishiguro.

La novela está escrita a manera de memoria, y no creo que eso sea incidental. Cuando llegamos a la historia, ésta ya va expirando. Todo ha sucedido ya; y aunque nosotros no sabemos de qué manera termina, sí sentimos una losa de niebla inconfundible sobre los hombros: el peso del pasado irremediable. Leer este libro es como ver tu vida pasar ante tus ojos mientras tu bote se acerca a una cascada. Es desesperante la lentitud con que los personajes manejan sus sentimientos uno hacia otro, pero también es más realista de ese modo. Las lágrimas y los besos son callados, casi escondidos de un mundo que se niega a creer que puedan amar. Y pues, ¿acaso no es eso el epítome del tímido amor adolescente?

Contrario a lo que se puede pensar, el título del libro no se refiere precisamente al romance. Nunca me Abandones es algo que muchos personajes podrían decirle a otros dentro de la historia, o incluso a sí mismos. El destino juega como un personaje más, bloqueando sentimientos, imponiendo kilómetros, negando oportunidades. Kathy, nuestra narradora, lentamente se va abandonando a sí misma, dejando que el viento de los años amenace sus deseos y sueños en silencio. Quizá no sea el libro más pasional —es demasiado callado y oscuro para eso—, pero la dosis de nostalgia y deseo que Ishiguro inyecta a los personajes es justa, casi perfecta. Su mescolanza de romance, tragedia, silencio, pequeñas peleas que se alargan por años, deberes aciagos que te alejan de lo que quieres, y un eterno etcétera, se acerca mucho, demasiado, al verdadero amor. Y logró eso, encima de todo, en una novela de ciencia ficción. Al final de mi edición hay tres hojas totalmente en blanco. Quería mencionarlo porque me parece perfecto. Al terminar de leer algunas historias como ésta, hay  un tiempo —no del que está en el reloj, sino del de nuestros corazones— en que uno no puede decir absolutamente nada.

Esa es casi toda la reseña. Si, les recomiendo que lean el libro. Muchísimo. Pero por hoy, también, les recomiendo que no se abandonen. Si hay algo que quieren, búsquenlo. Es casi una obligación para nosotros, que no estamos destinados a morir en una fecha marcada en el calendario. Si elegimos vivir el presente, quizá, al final del camino, no tengamos sólo memorias lindas, sino tranquilidad en el alma.

Hablaba con uno de mis donadores el otro día, y él se quejaba de cómo las memorias, incluso las más preciosas, se disipan tan rápidamente. Pero no estoy de acuerdo. Las memorias que valoro más, no creo que puedan difuminarse jamás.

Feliz 14.

Anágrama: $345
Anagráma (colección compáctos): $203
Vintage International (Edición en Inglés): $129
Disponible en:
-Gandhi
- El Sótano
- Porrúa
- FCE

Nota: Edición en inglés sólo disponible en Gandhi

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